viernes, 9 de marzo de 2012

Te caes. Te levantas.

¿Y ahora nos toca sonreír, verdad? Ya, siempre la misma historia. Te caes, te pisan, te duele. Pero tienes que levantarte y mostrarle al puto mundo la mejor de tus sonrisas fingidas. Es ley. Si eres frágil, siempre hay una ranura en tu coraza donde se pueda meter un cuchillo, donde te puedan dar una puñalada. Tienes que sonreír por obligación, poner cara de "aquí no ha pasado nada" y seguir con tu vida. ¿Y si lloras? Si lloras, date por perdida. Saben qué te duele y cuándo, saben volverte a tirar. Y aunque pierdas lo que más quieres en esta vida, lo que más necesitas, a nadie le importa. Porque aquí todos somos unos putos egoístas, todos tenemos algo de malas personas. 
Venga, seamos sinceros, si pudierais, ¿no le hundiríais la vida a quien os la hundió a vosotros? Sé que sí. Así que ahora no me vengáis con los 'confía en mí', o los 'puedes contar conmigo', o con los 'juntos siempre', porque todos escondemos un puto cuchillo tras la espalda.
Y en uno de esos tropiezos, te hundes un poco más, o tragas más tierra de la debida, o te tuerces un tobillo, pero llegas a la conclusión de que prefieres empujar que ser empujado. Y ese es el momento al que todos hemos llegado ya. Yo, quizás haya tardado un poco más, pero es simplemente porque, como el día de mi cumpleaños no repartían suerte, me dieron ración doble de paciencia, ya veis. 
A lo que iba. Que aquí si hay que reír se ríe, si hay que llorar, se llora, y si hay que empujar a alguien, nos peleamos por hacerlo los primeros. ¿Y eso os provoca algún tipo de placer? ¿Sentís alguna especie de orgasmo cuando hundís a alguien? Porque, llamadme rara, pero yo no. Yo me siento como una mierda. Sí, más aún, que se puede. Yo no me corro cada vez que empujo a alguien, porque, ¿sabéis? yo he estado ahí abajo. Yo y todos. Y sabemos lo que duele que te pisoteen, que se te suban encima y te roben la jodida dignidad. Yo sé cómo se llora, y cómo duele. 
"Pero no perdemos nada", me diréis. Y estáis muy equivocados. Cada vez que hundís a una persona, perdéis un poco de respeto, y ganáis una dosis extra de asco y odio hacia vuestra figura. ¿Qué os creéis, que aquí la gente espera ser empujada? ¿Que se os pone en medio para comer tierra? Pues no. Bueno, todos esperamos ser traicionados, pero no queremos, rezamos que el que muerda el polvo sea el de nuestra derecha, o el que está detrás de la pared. 
Seamos sinceros, a nadie le gusta caer, y levantarse, y caer, y levantarse, y así. Porque esto, por desgracia, es un círculo vicioso. Es una puta pescadilla que se muerde la cola. Aquí nadie es ella misma al cien por cien, nadie abre la coraza. Y cuando digo nadie, es nadie. 
Yo ya no me espero nada de las personas. Y así, sinceramente, se vive mejor. Porque se está más cerca del suelo, y no nos vamos creciendo con los empujones que damos. Porque, siempre se ha dicho, "se madura con los daños, no con los años". Y para daños, los que tiene mi coraza. Que está desteñida, se ha encogido y tiene más heridas que ninguna otra.
Admitámoslo, todos queremos ser unos hijos de puta. Todos somos un hijo de puta más.

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