miércoles, 23 de octubre de 2013
No sé.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Bombas.
Un momento.
Rebobina.
Así no te esperabas una entrada, ¿verdad?
Pues este es mi día a día.
Ya ves, tengo el tiempo justo para sonreír una vez cada 24 horas. A veces ni eso. Antes no era así, es obvio. Antes me despertaba después de haber dormido del tirón y tenía un jodido mensaje suyo, cada día distinto, dándome los jodidos buenos días.
Ahora no lo son. Nunca son buenos días, por eso no los doy.
Me dicen que he cambiado, que dónde están mis famosas bromas. Estar, están ahí, lo que pasa es que no las dejo salir.
Pero no quieres dar pena. Sabes de sobra que hay gente peor que tú. Hay gente luchando por una mínima democracia, por dar de comer a su familia, o incluso por encontrarla entre escombros de guerra. Hay gente que se pone la soga al cuello cada mes porque no tiene ni un trozo de pan en la cocina, y gente que se la quita por los suyos.
Hay gente mil veces peor que yo, y gente mil veces mejor luchando por su propio ego.
Pero qué mas da, mi guerra civil interna sigue ahí. Cada día con más bombas, más muertos y más desaparecidos. Cada día es más caótico, más ilógico, más irracional.
Y me auto destruyo sin ni siquiera tocarme. Me mato cual tabaco rubio.
Pero ya me da igual. Me doy igual. Me dais igual. Sigo adelante por inercia. Actúo por impulsos y contesto mecánicamente.
Hay gente que me anima a seguir, que me dice que esto sólo es una mala racha, que he salido de peores. Quizás tengan razón, pero también es verdad que a lo hecho, pecho, y en el pecho se me ha acumulado todo, y ahora está estallando poco a poco.
Sólo quiero que me dejéis con mi desastre y el vacío que está produciendo el caos. Que me dejéis explotar por dentro hasta que no me queden más bombas, y luego ya si eso os dejaré derribar las murallas y hacer con mis ruinas lo que os dé la gana.
Pero antes dejad que acabe conmigo misma.
Y así, quizás, alún día vuelva a tener unos buenos días esperándome.
martes, 30 de abril de 2013
No sé si llamarlo 'mala racha' o 'mala vida'.
viernes, 19 de abril de 2013
Aquí estamos de nuevo.
En verdad no sé cómo empezar todo esto. No sé si desde el principio o desde el final. No sé si odiándote o queriéndote.
Quizás sea más cómodo abandonar el teclado ahora que puedo y olvidar todo esto. O quizás la lucha interna que tengo me impide hacerlo. La cosa es que me duele. Me duele escribir, pensar, recordar. Me duele, o me dueles. Según cómo y quién lo mire. Admito que quizás sea mejor así. Que tanta batalla nos había llevado hasta la más mísera decadencia. Pero ahí seguí yo, luchando contra lo imposible cuando tú habías abandonado hace tanto que ya estabas reconstruyendo los daños. Admito que no me dí cuenta, que no supe ver que ya no jugabas en mi misma liga. Pero siempre pueden haber partidos amistosos entre equipos de diferentes ligas, ¿no?
Claro que tengo miedo. Tengo miedo de pederte totalmente. De no volverte a ver. De que me olvides. Tengo miedo de no volver a escuchar tu risa. Tengo miedo de lo que seré sin ti. O lo que dejaré de ser.
Y es cierto eso que dicen de que los ojos vacíos son los más peligrosos, por el abismo infinito que esconden. Y no sé en qué momento me caí por los tuyos pero para cuando me di cuenta ya no había arnés que me sujetase a la realidad.
Quizás por eso no me di cuenta de que ya no me mirabas a mí. O igual lo que pasó fue que me dejé llevar. No lo sé. No lo sabes. Nadie lo sabe. La cosa es que ya no somos, que ya no soy, porque ya no eres.
Y sinceramente necesito que seas, porque necesito ser, y necesito que seamos.
Así que, volviendo al principio, o al final, la cosa es que te quiero, y que te odio, y que odio todo esto, pero te quiero. Así que como tampoco sé cómo acabar esto, dejo que lo acabes tú mismo.